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Sobre la vida de Don Ramón Serrano Suñer se ha escrito mucho. No en vano fue uno de los personajes más importantes de la España del sigo XX. En lo personal, en lo político, en lo profesional y en lo literario. En lo personal porque su biografía es apasionante, ya que vivió en primer plano la tragedia de 1936 y no fue fusilado por un milagro de Dios y además se casó con la hermana de la mujer de Franco. En lo político, porque entre 1937 y 1942 su actividad como asesor y Ministro de Franco, resultó fundamental para la consolidación del Nuevo Estado surgido de la victoria de la Guerra Civil y para evitar que España entrase en la Segunda Guerra Mundial. En lo profesional, porque una vez alejado de la política activa, llegó a ser el abogado más importante de España y en lo literario, porque sus obras y sus artículos merecieron el reconocimiento de los grandes de la Literatura española (como “Azorín”, Menéndez Pidal, Marañón o Ridruejo).

Y por eso hemos separado en cuatro apartados su vida y su obra.

A)   Biografía Personal.
B)   Biografía política.
C)   Biografía profesional.
D)   Biografía literaria-periodística.

Para reconstruir una vida tan intensa y tan compleja hemos acudido a las obras de los que más la estudiaron y la escribieron. Obras que los lectores pueden leer o consultar en la página de LOS LIBROS SOBRE DON RAMÓN y que son:

…     “Ramón Serrano Súñer, un documento para la Historia”
de Fernando García Lahiguera
…     “Franco-Serrano Súñer”,
de Ramón Garriga
…     “Serrano Súñer, Conciencia y Poder”,
de Ignacio Merino
…     “Don Ramón Serrano Súñer, el centenario de un gran hombre”
del profesor peruano Carlos Cárdenas Quirós
…     “Escrito en España”,
de Dionisio Ridruejo
…      “Diez crisis del franquismo”,
de Carlos Rojas
…      “El franquismo sin mitos”,
de Heleno Saña
…       y    “Ramón Serrano Súñer, Cara y Cruz”,
de Adriano Gómez Molina y Joan María Thomas.

   
 

Acompañan a estas biografías los Documentos originales más importantes de su vida y algunas fotografías inéditas.

EN CONSTRUCCIÓN…

 


Don Ramón junto a su mujer Zita Polo y dos de sus hijos

Circunstancialmente, Ramón Serrano Suñer nace en Cartagena el 12 de septiembre de 1902, el año en el que la regente doña María Cristina ha dado paso a un joven Alfonso XIII proclamado rey el 17 de mayo. Preside el Gobierno, por unos meses y por última vez, un envejecido y cansado Sagasta.

Los padres del recién nacido son don José Serrano Lloberes y doña Carmen Suñer Font de Mora. Es el quinto de siete hijos y su nacimiento en Cartagena está ligado ocasionalmente al destino temporal de su padre -funcionario al servicio del Estado- en la ciudad púnica. El ingeniero Serrano Lloberes era una figura brillante en su cuerpo y había recibido el encargo de dirigir en el puerto militar de Cartagena la construcción de un muelle mercantil. La obra fue un éxito profesional.

En 1904 acaece un hecho notable para la familia. El ingeniero Serrano Lloberes es trasladado a Castellón de la Plana con una misión de envergadura: construir en Castellón un puerto con capacidad suficiente para dar salida a la ingente producción de naranjas destinadas a los mercados extranjeros. El Ministerio de Fomento se fija en este ingeniero que, con treinta y seis años, tiene una espléndida hoja de servicios.

El vínculo de Ramón Serrano con la antigua Cartago Nova ha sido episódico y corto. Años más tarde, ya adulto y en primera línea de la política como ministro de la Gobernación, Serrano será consecuente con la circunstancia de esos sus primeros meses. El Ayuntamiento de Cartagena adoptó el acuerdo de nombrarle hijo predilecto y alcalde honorario. Cuando Serrano recibió la comunicación de tal honor su respuesta fue muy significativa de su estilo personal. Honrada y noblemente, Serrano agradeció la deferencia, pero la declinó porque -siendo la ciudad un trozo muy querido de la Patria, dice- ese acuerdo no lo estima justificado, sobre todo porque las entidades locales dependen de su autoridad como ministro y, por ello, le ruega al alcalde como amigo, y si ello no bastara, como ministro, que queden sin efecto los nombramientos.

En 1906 muere doña Carmen Suñer. Con cuatro años, Ramón Serrano queda huérfano. “Un día enfermó mi madre. Éramos siete hermanos, nos sacaron de casa, nos llevaron a la de unos parientes, preguntábamos por ella y nos decían que estaba mejor. Un día nos vistieron de negro. Mi madre había muerto. Desde entonces, todos los años, con mi padre, fuimos a deshojar sobre su sepultura la siempreviva de nuestro recuerdo.” (Lahiguera, pág. 19.)

En Castellón de la Plana están las raíces del niño y adolescente Ramón Serrano Suñer. Del xiquet Ramón. Llega allí cuando no ha cumplido los tres años y sus días de escuela y de instituto tienen para él el fondo imborrable de la ciudad levantina. Días de “la panderola” y de los terrados en las casas. Allí están sus raíces. En 1941 confiesa: “Yo recuerdo aquel Castellón casi rural cuyas calles estaban exclusivamente, o poco menos, transitadas por carros cargados de enormes cajas de naranjas que, por las calles del escultor Viciano y de Campoamor, se dirigían al camino del Grao, y en la que presenciamos la aparición sorprendente y extraordinaria del automóvil… Aquí, en Castellón, está la primera raíz de mi vida; la primera raíz del hombre es inconmovible, a lo largo de ella. Aquí transcurrió mi infancia, aquí los primeros juegos, las primeras aficiones…” (Ramón Serrano Suñer. Un documento para la Historia, Argos Vergara, Barcelona, 1983, pág. 18. En lo sucesivo, Lahiguera.)

Linaje y abolengo

Tanto por la línea paterna de los Serrano como por la materna de los Suñer nuestro protagonista desciende de familias de abolengo emplazadas en los territorios de la Corona de Aragón. Su padre es tarraconense y el origen de la estirpe Serrano está en la villa de Cretas, en Teruel, cerca de Alcañiz, a comienzos del siglo XVI. Una tía-abuela de Ramón, Josefa Serrano, fue la esposa del primer presidente de la República Española, don Estanislao Figueras. Su madre valenciana, del linaje de los Sunyer, procede de Gandesa. Es curioso que las dos grandes corrientes ideológicas del XIX español las encontramos en el árbol genealógico de Ramón Serrano: la línea paterna es liberal y la materna es carlista.

Las raíces geográficas del linaje de los Sunyer están en Gandesa, no lejos de la capital de la Plana. Allí pasarán los hermanos frecuentes temporadas de vacaciones. En Gandesa, en la histórica villa de la Terra Alta de Tarragona al pie del monte Puigcaballé, con viñas y almendros, los Suñer tienen desde siglos una casa -la Ca Sunyer- de estilo gótico catalán. Estos dos polos geográficos tan próximos, Castellón y Gandesa, enmarcan los años de niñez y adolescencia de Ramón Serrano.

Primeros estudios

Esa infancia y adolescencia -hasta su marcha a Madrid en 1917- se desenvuelve en el terreno escolar en el Instituto General y Técnico de la calle Mayor; en el terreno cultural con su inmersión en la lengua y cultura catalana y valenciana; en el terreno personal por el ascendiente de la figura del padre. El ingeniero Serrano era una figura ejemplar, reconocida y admirada por los castellonenses, y con un cabal cumplimiento de instancia paterna ante sus hijos. Ramón Serrano lo recuerda así: “Mi padre era un ejemplo de competencia profesional, de rectitud, de austeridad, de exigencia y de virtud, que nos abandonaba diariamente en nuestra orfandad para acudir a su trabajo en las Obras del Puerto, en las piedras de cuyas escolleras yacen soterradas las mejores energías de su vida. En una roca que él mismo arrancara de la “Pedrera”, los castellonense grabamos -y yo con ellos- su nombre de gran ingeniero para perpetuar su esfuerzo y su recuerdo.” (Castelló Festa Plena, Inculca, Castellón, 2002, pág. 99.)

Don Luis Revest Corzo

De esa etapa primeriza la persona que más huella deja en nuestro personaje, dejando aparte la indeleble influencia de su padre, es la de un profesor auxiliar del instituto de segunda enseñanza. Se trata de don Luis Revest Corzo, archivero bibliotecario y cronista de la ciudad. Revest explicaba Preceptiva Literaria, Era “un latinista consumado, un gran profesor de castellano, y un profesor extraordinario del catalán-valenciano”. La impronta que este erudito dejó en el joven Ramón Serrano la reconocerá explícitamente éste cuando en 1970 nos dice que “fue mi primer maestro digno de tal nombre y -fuera del ámbito familiar- la persona que más influiría en mi formación intelectual y moral durante los años de mi adolescencia” (De anteayer y de hoy, Plaza y Janés, Barcelona, 1981, pág. 151. En lo sucesivo, De anteayer). En esa etapa decisiva, el modesto profesor Luis Revest le abre al muchacho Ramón Serrano unas ventanas a horizontes decisivas de su personalidad: la coexistencia de la religiosidad con la cultura “en una época en que el catolicismo español sufría de un cierto achatamiento intelectual”; el trato con los clásicos y con los autores ajenos a los programas escolares y, también, el ejemplo de una conducta modesta dedicada con rigor a la Obra Bien Hecha. Ese aprendizaje del mozo Ramón Serrano está en el origen de su trayectoria posterior: la calidad de expresión, la curiosidad por ámbitos culturales ajenos a su profesión, y su estilo ético.

También entonces el adolescente Ramón Serrano descubre el espectáculo de la política. Castellón -en contacto con los mercados de Londres, Hamburgo o París- cuenta con la tradición carlista del Maestrazgo, con la veta republicana levantina y con las terminales de liberales y conservadores. La curiosidad, dice, “me movía a convertirme en frecuente oyente de los republicanos y demócratas que utilizaban como tribuna los balcones del Ayuntamiento en la plaza del Mercado. Ello fue para mí una experiencia y un conocimiento anticipados, que habían de serme útiles más tarde en los años de lucha en la Universidad de Madrid…” (Lahiguera, pág. 20).

La carrera de Derecho

Para don José Serrano la ingeniería era una profesión sin parangón con otras titulaciones. El cuerpo de Ingenieros de Caminos aparecía como la minoría selecta por excelencia. Su experiencia en el puerto de Cartagena y en el de Castellón han reafirmado en él su autoestima vocacional y la valoración de su carrera. Es un profesional enamorado de su quehacer, abierto a las innovaciones internacionales, en contacto con colegas extranjeros, que quiere transmitir a sus hijos la vocación por las escuelas técnicas. Tres de ellos -José, Fernando y Eduardo- serán ingenieros.
Pero éste no es el caso de su hijo Ramón. Éste siente la llamada del Derecho, no la de la Ingeniería. Es una llamada clara, aunque es una vocación discrepante con los deseos paternos. Por ello, cuando decide contárselo a don José se encuentra con la repulsa de éste. Hay dos visiones enfrentadas, la del padre maduro, con ascendiente moral y profesionalmente hecho y la de un muchacho en agraz, ilusionado, de dieciséis años, que está convencido de su destino universitario. La prudencia y el buen sentido del padre terminan cediendo ante la rotunda exposición del hijo. Él quiere servir a la sociedad -le dice a su padre que recela de los picapleitos- siendo un jurista “como los antiguos romanos”.

La escena es solemne, nadie trivial. El mozo elige responsablemente su destino. Y el padre consciente, pero con una condición que es aceptada por el hijo; que se esforzará por ser el primero en los estudios. El Ramón Serrano barbilampiño es un caso claro de vocación inequívoca. El tiempo lo confirmará.

Ramón Serrano en Madrid

El joven Ramón Serrano Suñer llega a Madrid en 1917. Ése es un año crucial en la Historia de España. la mirada de Ortega -que ya se alza como autoridad intelectual y moral- se fija en la crisis del sistema. El 11 de junio de 1917, publica en El Imparcial un artículo que se hará famosos, “Del momento político, bajo el arco en ruinas.” Describe y analiza la anómala situación política y termina pidiendo unas Cortes Constituyentes, una reforma constitucional. Los acontecimientos de esos meses le llevan a escribir: “Mejor o peor, la España de la Restauración y la Regencia tenía una estructura. La España del siglo XX es una España invertebrada.”

En el exterior, 1917 es el año de dos hechos de gran repercusión histórica: la entrada de Estados Unidos en la Gran Guerra con la prevista derrota de los imperios centrales. Y el año de la revolución soviética que marcará todo el siglo XX.

En España, 1917 es el año en el que tres grandes fuerzas se expresan y coinciden resquebrajando la monarquía de Sagunto: el Ejército, los parlamentarios y las organizaciones sindicales. Tras la euforia económica producida por nuestras exportaciones a los contendientes en la Gran Guerra, aparece la carestía, la inflación y el desequilibrio social. Se extiende y cuaja con rapidez una poderosa corriente que exige la renovación de la vida política y la reforma constitucional. Los tres sucesos desestabilizadores con lo que en ese año se encuentran los Gobiernos de la Monarquía -liberal y conservador- están protagonizados por la oficialidad militar (Las Juntas de Defensa), por los diputados (Asamblea de Parlamentarios) y por organizaciones obreras (Huelga General Revolucionaria).

Las Juntas Militares de Defensa son un movimiento corporativo de oficiales por debajo del grado de coronel que luchan por la mejora de sus sueldos y contra la libertad de ascensos y recompensas. La Asamblea de Parlamentarios es un intento -nacido en Barcelona- que recoge el descontento de los políticos frene al inmovilismo de la España oficial. La Huelga General Revolucionaria es la primera huelga política, no social, pilotada por la UGT y los anarquistas.

Aunque los tres movimientos son diferentes y ninguno logró totalmente sus objetivos específicos, al acabar el año 1917 el régimen está maltrecho. El recurso a un Gobierno nacional de don Antonio Maura en 1918 no resuelve el problema de fondo. La descomposición llegará a un punto culminante en 1921 con el régimen está maltrecho. El recurso a un Gobierno nacional de don Antonio Maura en 1918 no resuelve el tronante en 1921 con el asesinato del presidente Dato y con el desastre Annual y su secuela del Expediente Picasso por las responsabilidades habidas. De 1917 a 1923 hubo en España trece crisis totales y treinta parciales. Ha terminado el “turno pacífico”. Disueltos los partidos históricos, el régimen se encamina hacia el golpe militar de Primo de Rivera en 1923, que será el final de la Restauración.

Residente en Madrid desde 1917, el joven Ramón Serrano es espectador aguzado de este escenario que resume toda la realidad española. Como local principal, en el Parlamento de la Carrera de San jerónimo actúan los protagonistas. Así lo recordará en sus Memorias, Los cursos de la carrera de Serrano Suñer tienen al fondo una España política y socialmente enferma. Desde el año 1917 hasta el 1923, en el que acaba los estudios, el panorama político y social que se le ofrece está en crisis permanente.

Atento a la vida política, Serrano acude a la tribuna de invitados de las Cortes y contempla el espectáculo de la retórica parlamentaria. Le facilita el acceso el diputado por Castellón de la Plana don Emilio Santa Cruz. Serrano nos dice: “El Parlamento había atraído mi curiosidad desde edad temprana, siendo todavía estudiante, cuando los debates políticos del Congreso eran un verdadero espectáculo nacional [...] en ocasiones me acercaba a presenciarlos y a escuchar a los grandes tribunos de aquella época en que la oratoria todavía era uno de los más indispensables instrumentos del político. [...] en aquella época juvenil pude ver y oír a alguna de las grandes figuras de la última etapa de la Restauración [...] entonces un político sin cualidades oratorias no era de recibo.”

En su evocación recuerda algunas figuras de esos años a las que adjetiva con precisión. Así a Maura lo recuerda como “orador y actor excepcional”; a Dato como “parlamentario eficaz”; a Sánchez Guerra como “verboso, florido, barroco”; a Bergamín como “enjuto, preciso y lúcido”; a Melquíades Álvarez como “elocuente orador”; a Cambó “por su nuevo estilo oratorio -ordenado, preciso, sereno-”; a Lerroux como “orador sin duda alguna, pero pomposo, endomingado y teatral”. De Indalecio Prieto dice: “Me llamó especialmente la atención la capacidad de polemista de Indalecio Prieto, entonces todavía joven [...] conduciendo su alegato de un modo implacable.” (Entre el silencio y la propaganda, la Historia como fue. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, págs. 63-54. En lo sucesivo, Memorias.)

La cultura

Pero en la vida cultural española, por fortuna, la vitalidad y riqueza es distinta a la debilidad política. Precisamente en 1917, el benjamín de la generación del 98, Juan Ramón Jiménez, publica su Diario de un poeta recién casado. La publicación de este libro en este año -el cual abre una nueva etapa en la obra del autor- es un hecho que nos vale para referirnos al ambiente cultural del Madrid en el que se desenvuelve el joven estudiante de Derecho en el tramo de tiempo anterior a la Dictadura. En contraste con la enfermedad política, el mundo cultural vive una plenitud que, después, ha sido calificada como segunda edad de oro o edad de plata. Junto a los señores como Pérez Galdós, Ramón y Cajal, Unamuno, Baroja, Antonio y Manuel Machado o Azorín, otra generación está creando cultura con figuras como Ortega -con influencia creciente-, D´Ors, Falla, Marañón, o Américo Castro.

San Isidro y San Bernardo

Desde el curso 1917-1918 hasta junio de 1923, Serrano es alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. Cuando llega de la provincia, con dieciséis años, es acogido en la casa de unas tías en la calle de Claudio Coello, en el barrio de Salamanca. El primer curso, el preparatorio, lo recibe en el paraninfo del Instituto de san Isidro, en la calle de Toledo, junto a la catedral de Madrid. En él tendrá dos profesores que le dejarán huella: don Manuel García Morente y don Claudio Sánchez Albornoz.

Después, acudirá al caserón de San Bernardo. El edificio de la universidad se ha levantado en fases diversas a lo largo del siglo XIX. En San Bernardo se mezcla lo solemne y lo rancio en el corazón de Madrid, es el núcleo de un barrio de estudiantes plagado de librerías y de tascas. La concentración de disciplinas diversas en el viejo edificio le daba un aire de morada del saber. “Se agrupaban allí las facultades de Derecho, Filosofía y Letras y Ciencias con todas sus secciones”, escribe Serrano.

En Ensayos al viento traza Serrano el dibujo de los maestros que circulan por aulas y pasillos, con los que convive diariamente. Dice: “Era una universidad pequeña, competente y aun ilustre. Por lo general, los estudiantes respetábamos a saber y conducta y de gran independencia.” Y trae a colación algunos de los grandes nombres: Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, Gómez-Moreno, García Morente, Bonilla y San Martín, Cejador, Américo Castro y Sáinz Rodríguez en Filosofía y Letras. En Ciencias, Rey Pastor, Blas Cabrera, Plans [...] Palacios, Terradas, Álvarez Ude y Vegas. En Medicina, Cajal, Tello, Hernando, Novoa Santos, Ruiz Falcó, Cardenal, Olivares, Recasens (Marañón tenía en el Hospital General el servicio de enfermedades infecciosas). En Farmacia, Carracido, Casares Gil y Obdulio Fernández. (Cultura Hispánica, Madrid, 1950, págs. 161-162).

Tiene un especial interés la enumeración del profesorado de su propia facultad: “En nuestra facultad explicaban el Derecho Civil don Felipe Clemente Diego -padre y maestro-, en quien rivalizaban sabiduría y benevolencia sin que nadie, abusando de ésta, dejara de guardarle la consideración que por aquélla merecía, y Felipe Sánchez Román, con rigurosa frialdad y exigencia. El hipotecarista Jerónimo González, el maestro de economistas Flores de Lemus, el gran penalista Jiménez de Asúa, Pérez Bueno -devoto de Rosmini-, hombre original e independiente, no exento de alguna extravagancia; Yanguas, el decano don Rafael Ureña con su cara de gato de angora. En el curso preparatorio -común a Filosofía y Letras- el viejo Ortega y Rubio, que tenía una personal incompatibilidad con Felipe II, explicaba Historia de España siguiendo su excelente obra de ocho tomos, a quien sustituyó Claudio Sánchez Albornoz, entonces aún poco notorio, pero que pronto sería reconocido como eminente historiador. Morente, joven de gran saber, exacto y severo, nos explicaba a Kant sustituyendo en la asignatura de Lógica fundamental a Besteiro, recluido en el penal de Cartagena [como consecuencia de la Huelga General Revolucionaria]. Hurtado, hombre de información copiosísima, fue nuestro introductor en Literatura.”
En otra parte de sus recuerdos, Serrano colorea la nómina de maestros con la figura singular de don Laureano Díez Canseco, catedrático de historia del derecho, que nunca había suspendido a alumno alguno y cuyas clases eran una fiesta alborotada que hacía imposible escuchar la lección completa. Era un profesor bohemio con una sólida información científica.

De la nómina de profesores, dos nombres van a tener un especial relieve y relación en su trayectoria como alumno y licenciado. El primero y principal, don Felipe Clemente de Diego al que llama “mi inolvidable maestro”, y del que, en otra parte, escribe: “Recordaré, entre otros, al venerable y sabio don Felipe Clemente de Diego. Una de las pocas satisfacciones que me depararon los duros años de mi gestión política consistió en haberle promovido a la Presidencia del Tribunal Supremo y fue uno de los más insignes juristas que ocuparon tan alta magistratura.” (Memorias, pág. 457.). El otro nombre es el de don Jerónimo González a quien llama “mi maestro” [...] que era, además de muy competente, hombre muy amplio y bondadoso [...]” (ibid., pág. 72).

Los alumnos

En esos años los alumnos matriculados en la Facultad de Derecho se reparten en cursos de unos ciento cincuenta. El número facilita el conocimiento y el diálogo, una personal y cotidiana relación profesor-alumno y un compañerismo espontáneo: “El compañerismo era estrecho y ejemplar y no había entre nosotros ni pelotilleros ni espías ni energúmenos. Lo que no quiere decir que la universidad fuera una balsa de aceite. Nos interesaban -nos apasionaban- las cuestiones protesta, como es natural, y hasta cierto punto saludable [...]. Las tensiones en el interior de la universidad eran, en cambio, insignificantes, pero la solidaridad profesional o generacional los confundía fácilmente.” (Ensayos, pág. 163.) Además de José que más relación tiene son Luis Lamana, Spottorno, Manuel Reventós, Antonio Luna y Genaro Navarro.

José Antonio

En San Bernardo, Ramón Serrano va a encontrarse con un condiscípulo que se llama José Antonio Primo de Rivera. El encuentro marcará las dos biografías, hijo primogénito del general Miguel Primo de Rivera, que pertenece a un tradicional linaje militar, José Antonio -como Ramón Serrano- quiebra la costumbre familiar y no sigue el camino de la milicia; decide estudiar Derecho.

En 1917, se matricula como alumno libre en el Curso Preparatorio de Derecho. Cuando lo supera, en 1918-1919 también como alumno libre se matricula en la facultad. Junto a sus estudios, trabaja en la firma americana de automóviles Cole & McFarland llevando la correspondencia en inglés. Como los resultados académicos no son brillantes, José Antonio decide dejar el trabajo y dedicarse plenamente a los estudios. En el curso 1920-1921 se matricula como alumno oficial. Es entonces, con sus diecisiete años, cuando coincide con Ramón Serrano, que casi es dos años mayor.

Los dos condiscípulos viven en el mismo barrio, Ramón en Claudio Coello y José Antonio en Serrano. Los dos coinciden diariamente en el mismo tranvía mañanero que los lleva a la universidad. Y los dos vuelven a casa en la misma línea que tiene parada en la Glorieta de San Bernardo, a pocas manzanas de la facultad.

Ahí comienza una amistad sólo interrumpida por la muerte de José Antonio. En Ramón Serrano y en José Antonio encontramos una coincidencia biográfica en sus primeros años. Los dos eran huérfanos de madre desde muy temprana hora. En los dos, la figura del padre aparece con un peso muy fuerte. Y los dos habían encontrado antes de iniciar el estudio del Derecho la propuesta de una carrera técnica. Serrano, por el deseo paterno de que continuara la profesión familiar. José Antonio, porque durante unos meses se siente tentado por la Ingeniería de Caminos y se prepara para el ingreso en la Escuela.

Asociacionismo universitario. Profesionalidad frene a confesionalidad

En 1919, un decreto-ley concede autonomía a la universidad y en él se dispone que en cada facultad se crea una Asociación Oficial de Estudiantes para posibilitar la intervención de los alumnos en el gobierno de la universidad. En la Facultad de Derecho de San Bernardo se constituyó la Asociación Oficial de Estudiantes de la que fue elegido presidente el alumno Fernández-Areal que, a los pocos meses, dejaría la facultad y sacaría las oposiciones al Cuerpo Jurídico de la Armada.

Vacante la presidencia, la candidatura de Ramón Serrano -que lleva de secretario a José Antonio Primo de Rivera- es la triunfadora. La agrupación oficial, profesional y neutral contaba en su directiva -además de Serrano y José Antonio- con nombres de estudiantes que, más tarde, alcanzarían notoriedad como Antonio Garrigues, Justino de Azcárate o González López.

La asociación era claramente profesional, ajena a la política y a la religión. Por eso cuando hizo su aparición en la facultad una agrupación de carácter religioso, la Confederación de Estudiantes Católicos, Ramón Serrano y José Antonio entendieron que aquello era un dislate y se opusieron a ella. Para Serrano Suñer y para Primo de Rivera la confesionalidad católica de la asociación conllevaba la aparición inmediata de otras de signo opuesto, de laicismo militante. La tesis de Serrano era la de que el Decreto-Ley contemplaba asociaciones oficiales de estudiantes a través de las cuales “los estudiantes, sólo como tales estudiantes, y todos los estudiantes, sin acepción de ideas políticas o religiosas, intervendrían, con el claustro de profesores o junto a él, en los asuntos y problemas referentes a la enseñanza que eran de su interés común, ya fueran católicos, protestantes, budistas o mahometanos”.

La Asociación Católica estaba fomentada y amparada por don Ángel Herrera, director de El Debate y estaba conducida por don Fernando Martín Sánchez. La tesis de Serrano y de José Antonio era la de que comprendían que se hiciera asociacionismo para fomentar la piedad religiosa, pero no para participar en la universidad profesionalmente porque eso era entrar en la órbita del Estado. Y porque, además, eso era causa de que los estudiantes católicos que, perteneciendo a la Asociación Oficial, no ingresaran en la Asociación Católica aparecieran como “menos católicos” que los otros.

Los directivos de la Asociación Oficial se sintieron respaldados en sus posiciones de defender la profesionalidad asociativa por catedráticos de diverso signo como el liberal por algunos profesores de pública militancia católica. Éste fue el caso de don Fernando Pérez Bueno, catedrático de Derecho Natural, de conocida amistad con el nuncio en Madrid, monseñor Ragonesi. De la mano de Pérez Bueno, Ramón Serrano conoce al nuncio en un paseo por el Retiro madrileño.

“Aquella tarde oímos del propio nuncio de Rima la confirmación de nuestra tesis, y la declaración de los temores que la táctica derechista -llamada católica- comenzaba a infundirle. Salimos confortados y seguros de aquel paseo.” (Lahiguera, pág. 29.)

(La polémica de los “laicos” frente a los “religiosos” va a prolongarse a lo largo de los años, cruza la Guerra Civil y llega hasta la muerte de Franco. Serrano y José Antonio, ya licenciados, van a verse involucrados en esa zona de enfrentamiento. En 1927, José Antonio -de manera insólita- intervino ante su padre para impedir que la cátedra de Derecho Mercantil de Madrid fuera a parar, injustamente, a un opositor predeterminado por el mismo grupo confesional de la órbita de don Ángel Herrera. El candidato vencedor indiscutible era Joaquín Garrigues y, al final, triunfó tras de una refriega a puñetazos entre el grupo de los “católicos” y los “laicos” capitaneados por el propio José Antonio.)

El Ateneo

Aunque su dedicación principal se centra en el caserón de la calle de San Bernardo, en la Facultad de Derecho, otro lugar atrae el interés y el tiempo de Ramón Serrano: el Ateneo de Madrid. El estudiante Serrano no se conforma con los libros oficiales de texto. Ni se conforma tampoco con reducir su estudio a las específicas materias de la carrera de Derecho. Por eso dirige su mirada hacia el Ateneo en donde, aparte de su dinámica vida cultural y política, hay una vasta actualizada biblioteca.

Su ingreso como socio conlleva la ocasión de conocer a don Manuel Azaña, a la sazón secretario de la casa y figura ya decisiva de ella. Ocurre que un pariente de Serrano, socio del Ateneo y amigo de don Manuel, apadrina el ingreso del nuevo socio con su firma y la de Azaña. Así conoce Ramón Serrano al que iba a ser el primer hombre de la República. Al evocar esas horas nos dice: “Azaña me acogió con una pequeña cortesía y, queriendo hacer humor, comentó que me metía muy joven en un lugar nefando [...]. Desde aquellos días hasta su gran ascensión política sólo en contadas ocasiones lo volví a encontrar [...]. Azaña es uno de los hombres de nuestro tiempo que ha escrito y hablado mejor castellano, aunque como escritor no alcanzó el éxito que tal vez merecía y esto le precipitó en su resentimiento contra todo y contra todos.” (Memorias, pág. 69.)

En el Ateneo amplía y complementa sus saberes. Cuando un día en clase de Derecho Civil, José Antonio Primo de Rivera escucha como Serrano le responde a don Felipe Clemente de Diego de manera sobresaliente, con referencias que desbordaban las que se habían utilizado en clase, le pregunta a su compañero de dónde ha sacado esos saberes. Entonces Serrano le cuenta su frecuente uso de la biblioteca del Ateneo para ampliar las materias. Y de ahí viene el ingreso como socio de José Antonio Primo de Rivera en la “docta casa” de la calle del Prado.

Un expediente académico

Desde el primer día, el mozo Ramón Serrano es fiel cumplidor de la promesa hecha al padre: su dedicación al estudio es total y su expediente brillantísimo. Curso a curso, obtiene la máxima calificación en todas las asignaturas y el premio, extraordinario fin de carrera. Un palmarés logrado por una muy rara minoría de estudiantes.

Pero en 1922, Ramón Serrano está a punto de perder su marca académica. En la asignatura Procedimientos Judiciales y Práctica Forense no obtiene una de las cinco matrículas de honor otorgadas. Nuestro joven entiende que se ha cometido una injusticia y lucha por restaurar la verdad.

La cátedra pertenece a don Tomás Montejo y Rica el cual está excedente porque es el titular del Ministerio de Instrucción Pública. El profesor Montejo ya había sido ministro de Instrucción Pública con Dato en 1920. En 1922 -de marzo a diciembre- ha vuelto a desempeñar la misma cartera en el gabinete de Sánchez Guerra. El encargado de sus clases es el profesor auxiliar Martín Veña, el cual ha repartido discrecionalmente las cinco matrículas, sin ejercicio previo. Ello conduce a Ramón Serrano -junto con su compañero Luis Lamana Lizarbe- a apelar al propio ministro Montejo protestando por lo que consideran una injusticia. El ministro Montejo toma cartas en el asunto y dispone el nombramiento de un tribunal extraordinario integrado por don Felipe Sánchez Román, don Luis Jiménez de Asúa y don Jerónimo González ante el que comparecen los aspirantes a matrícula de honor. El tribunal otorga esa máxima clasificación a Serrano Suñer y Lamana.

La Dictadura

Las vacaciones escolares le llevan a Gandesa, a Ca Sunyer, en donde se entera de la gran noticia: la proclamación de la Dictadura por don Miguel Primo de Rivera, el padre de su amigo José Antonio.

La Dictadura es resultado de la quiebra crónica que, desde 1917, sufre el sistema canovista. La larga corriente regeneracionista -el “cirujano de hierro”- y el entorno europeo abocan en el recurso al poder militar. La opinión pública y una gran parte de la opinión cualificada aplaudan una solución abierta a la esperanza, pero que conlleva la ruptura del orden constitucional. Esa ruptura es acusada por el joven licenciado que discrepa de ella y se lo hace saber en una carta a su amigo José Antonio.

Roma. Abogacía. Política. 1924-1936

Serrano debe encarar su futuro profesional. Recibe dos recomendaciones: Desde el campo universitario, las de civilista don Felipe Clemente de Diego y del penalista don Luis Jiménez de Asúa. Desde el campo familiar, la de su padre. Los tres coinciden en aconsejarle que firme las oposiciones al cuerpo de Abogados del Estado. Es una prueba muy dura, con un temario muy extenso y difícil y con aspirantes muy cualificados.

Los ejercicios tendrán lugar en la primavera de 1924. Es un tiempo muy escaso. Lo corriente son tres o cuatro años de preparación. Pero Ramón Serrano, a sus veintidós años resuelve enfrentarse al reto dando una muestra de la firmeza de su carácter unida a sus dotes de inteligencia. Decidido a ganarlas, se encierra a cal y canto en un piso de la calle de Hortaleza que le han prestado sus amigos los López Roberts. En clausura total se concentra en el estudio del temario. No dedica ni un momento al ocio. La reclusión sólo es rota por su amigo José Antonio -que le ha criticado el camino de las oposiciones por ser éstas “un monstruoso instrumento de tortura que nada selecciona de verdad, pero que aniquila, disminuye o limita tantas capacidades”-. Una tarde, el hijo del Dictador irrumpe en el refugio de su amigo Ramón y -a pesar de sus protestas- lo rapta para acompañarle al teatro Maravillas en donde canta Raquel Meller, venida de París. “Nos fuimos en su “Chevrolet” hasta el teatro y al día siguiente, venciendo “mi indignación”, repitió la visita.” (Memorias, pág. 38.)

Tras los escasos meses de preparación, el extraordinario currículum universitario y la disciplina de Ramón Serrano rinden sus frutos. En la Gaceta del 11 de mayo de 1924 se publica el resultado de la oposición: Serrano Suñer aparece con el número 4 de  los nuevos Abogados del Estado. Enseguida, tras un corto paso por Castellón, es destinado a Zaragoza.

Pero entonces Ramón Serrano va a vivir una experiencia cardinal, su viaje a Italia para realizar en Roma un curso sobre Técnica del Derecho Patrimonial. Esos meses en Italia están marcados, en lo académico por el magisterio de los profesores Polaco y Del Vecchio; en lo cultural, por el deslumbramiento de la riqueza artística; y en lo político, por la figura de Benito Mussolini, el fundador del fascismo.

En Roma coincide con un estudioso del Derecho con el que trabará amistad y colaboración académica: José Santa Cruz Tejeiro, oriundo de Castellón de la Plana. (Serrano y Tejeiro traducirán al español la cuarta edición de las Instituciones de Derecho Civil del insigne profesor de Nápoles Roberto de Ruggiero. La obra aparece, anotada y concordada con la legislación española, en Reus en 1931. Santa Cruz Tejeiro, tras doctorarse en Bolonia, marchó a Friburgo para especializarse en Derecho Romano. Su amistad con Serrano no acompañará en sus delicadas negociaciones con los dirigentes de la Alemania nazi.)

Durante esta etapa, hace escapadas a Bolonia, pero -aunque es un error común- no es colegial del Real Colegio fundado por el Cardenal Albornoz. Sí lo son por esa fecha otros hombres con los que se cruzará en el quehacer político: José Valiente Soriano, Manuel Reventós y Noguer, Antonio Luna García, Alfonso García Valdecasas.

“Este muchacho ha visto”

Cuando Ramón Serrano tiene veinticuatro años coincide, en agosto de 1926, con Vicente Aleixandre en el balneario alavés de Sobrón y Soportilla. El poeta hizo este retrato de nuestro biografiado:

Este muchacho ha visto
la esencia de las cosas,
una tarde, entre sus manos
concentrarse.
Presión de aquellos dedos
enrojecidos, de diamante,
al apretar la blanda
ilusión de la materia.
Hay en su yema sangre
y linfa de un camino
secreto que se abre
arriba, en la alta torre,
abierto al libre aire.
Sus ojos copian la tierra
a viento y agua, que devuelven,
precisos, campo al reflejarse.
Su lengua -sal y carne-
dice y calla.
La frase se dilata,
en ámbito se expande
y cierra ya el sentido, allá en lo alto
-terraza de su frente-,
sobre el vivaz paisaje.
(Publicado en Revista de Occidente, agosto 1926. Incluido en Ámbito.)

La boga fascista

El fascismo llevaba dos años en el Gobierno. Había sido un desenlace previsto. A mediodía del 29 de octubre de 1922, Benito Mussolini recibió un telegrama de la casa real: “Su Majestad, el Rey, me encarga le ruegue que venga lo más pronto posible a Roma, deseando encargarle formar nuevo Gabinete.” Horas más tarde, Mussolini dijo: “Italia no tendrá sólo un Gabinete, sino también un Gobierno.” Y por la Ciudad Eterna desfilaron setenta mil camisas negras venidos de todas partes. Es la Marcha sobre Roma. En ese primer Gobierno de Mussolini, de los trece ministros sólo tres fascistas, pero ya no habrá marcha atrás.

Pero adelantamos su partida de nacimiento…

 

Número 2611

En la ciudad de Cartagena a las diez y seis horas del día catorce de septiembre de mil novecientos uno; ante D. Ramón Canete y Colon, Juez Municipal y Don Antonio Mas Boumeval, Secretario compareció Don José  Serrano Lloberes natural de Tivisa término municipal de —- provincia de Tarragona de 33 años de edad casado Ingeniero y domiciliado en esta ciudad calle de —- nº ochenta y uno con objeto de que se inscriba en el Registro Civil un niño, y a tal efecto como padre del mismo declaró  que dicho niño nació a la una y treinta del día doce del actual. Que es hijo legítimo del compareciente y de su señora Doña Carmen Suñer Font de Mora de treinta años de edad natural de Gandesa provincia de Tarragona. Que es nieto por la línea paterna de Don Manuel Serrano Magriña y de Dª Teresa Lloberes y Dolia maternales de Tivisa y Tarragona respectivamente. Que es nieto para las líneas maternas de Don Angel Suñer y Magriña y de Doña Angustias Font de Mora y Cerdán de Lomda naturales de Vinaroz y de —- respectivamente. Y que al expresado niño se le había puesto el nombre de Ramón Eduardo Antonio Manuel Angel.

Todo lo cual presenciaron como testigos D. Mugines Ros natural de La —-  mayor de edad soltero empleado domiciliado en esta ciudad y D. Narciso Ibáñez Martínez natural de Murcia termino municipal de la — mayor de edad casado empleado domiciliado en esta ciudad.

Leída íntegra esta acta e invitadas las personas que deben suscribirla a que la leyeran por sí mismas, si así lo creían conveniente, se estampó el sello del Juzgado Municipal y la firmaron el Sr. Juez y concurrentes de que certifico.

Y también la de defunción…


Tomo: 00147   Página: 063
REGISTRO CIVIL DE MADRID
Sección 3ª                    Certificación Literal
(1-3-5)DATOS DE IDENTIDAD DEL DIFUNTO
(8-6)Nombre: RAMON
(7-6)Primer apellido: SUÑER
(7-6)Segundo apellido: SUÑER
(8-6-1)hijo de JOSE (8-6-2) y de CARMEN
(4-1) Estado: (4-1-6) VIUDO (6-1) Nacionalidad: ESPAÑOLA
(9-7-6) Lugar de nacimiento: CARTAGENA
(2-1-1-3) Provincia: MURCIA
(2-1-2-1) Domicilio último (2-1-3-6): CALLE PRINCIPE DE VERGARA Nº 36
(2-1-3-2) MADRID
(5-3) DEFUNCIÓN:
(9-9)Día: uno de septiembre de dos mil tres
(9-4-4)Hora: diecisiete horas cero minutos
(2-6) Lugar: CALLE PRINCIPE DE VERGARA Nº 36
(2-1-3-2)MADRID (2-1-1-3) Provincia: MADRID (2-1-1) País: ESPAÑA
El enterramiento será en: MADRID
DECLARACIÓN DE
D./Dña.: EMPRESA MIXTA DE SERVICIOS FUNERARIOS
En su calidad de: EMPLEADO
Domicilio (2-1-3-6): CALLE SALVADOR DE MADARIAGA Nº 11
(2-1-3-2) MADRID
COMPROBACIÓN
Médico D./Dña.: TEODORO MARTIN JIMENEZ
Colegiado núm.: 22064 Número del parte: 5815494
Hora: diez horas treinta y tres minutos
Fecha: dos de septiembre de dos mil tres
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(SIGUEN FIRMAS)
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Funcionario Delegado D./Dña.: ANA MARÍA DOMÍNGUEZ MANZANO
CERTIFICO que la presente certificación literal expedida con la autorización prevista en el art. 26 del Reglamento de Registro Civil, contiene la reproducción íntegra del asiento correspondiente obrante en Tomo 00147 página 063 de la sección de este Registro Civil.
Madrid, cuatro de febrero de dos mil nueve

D./Dña. Mª BELÉN DE LUCAS FERRÓN. Funcionario Delegado.
Y también adelantamos su certificación de partida de matrimonio…

ARCHIDIOCESIS DE OVIEDO
PRINCIPADO DE ASTURIAS
ESPAÑA

CERTIFICACIÓN DE PARTIDA DE MATRIMONIO

Parroquia de San Juan el Real. Arciprestazgo de Oviedo.
Libro 10
Folio 98
Don Álvaro Iglesias Fueyo. Encargado del Archivo Parroquial de San Juan el Real de Oviedo Arciprestazgo de Oviedo. Principado de Asturias.
CERTIFICA: Que según consta del acta reseñada al margen, correspondiente al Libro de Matrimonios, que el día 6 de Febrero del año 1932, contrajeron matrimonio canónico en esta iglesia: D. Ramón Serrano Suñer de estado soltero hijo de D. José y Dña. Carmen bautizado en Cartagena y feligrés de Zaragoza y Dña. Ramona Polo Martínez-Valdés de estado soltera hija de D. Felipe y de Dña. Ramona bautizada en San Juan el Real de Oviedo.
Asistió el matrimonio el Presbítero D. Emilio Gutiérrez y fueron testigos D. José Antonio Primo Rivera y D. José Serrano Suñer.
Para que conste, expido la presente que firmo y sello con el de esta Parroquia.

Oviedo, a 25 de Marzo de 2009

 

 

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