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Martes día 22 de octubre de 2013, 18:00 h.

Tercera conferencia:

EL DIPUTADO SERRANO SUÑER.

Por D. Víctor Márquez .

Para empezar quiero dar las gracias al Congreso de los Diputados y a sus servicios de Archivo y Documentación que me facilitaron el trabajo de reunir las intervenciones del diputado Serrano Suñer, que figuran en el Diario de Sesiones.

Intervenciones que he leído y repasado (algunas ya las conocía de tiempo atrás) y en las que me basaré para mi charla, pues apenas si he encontrado testimonios de entonces… Porque no tengo posibilidad real para ofrecer mi propio testimonio y hablar aquí como columnista parlamentario, que es como figuro en el programa. Hablo, pues, de oídas. Sin haber escuchado y sin haber visto. Así que sustiruiré, con bastante impropiedad, lo no visto y lo no escuchado por lo leído. Que ciertamente no es lo mismo, por aquello que decía Cícero de la “eloquentia corporis”.
Ni siquiera he tenido la oportunidad de escuchar a Serrano Suñer luego, y, por lo tanto, no puedo opinar presencial y auditivamente sobre su oratoria… Lo saludé (mejor dicho, me saludo él a mi) una vez cuando yo era estudiante y asistí a una conferencia a la que también asistió él. Y, a la salida, saludo cortésmente a todos los que estábamos junto a la puerta… Muchos años después, ya en los años 90 cuando yo publicaba a diario en ABC la sección “El Burladero”, me escribió una carta muy correcta para puntualizar alguna cosa a propósito de una cita suya.

Cinco etapas de una vida
Encuentro en la vida de Serrano –más que secular- cinco posibles etapas.
- Treinta primeros años, que pudiéramos llamar de vida privada, hasta 1931.
- Cinco años ya con la República de vida política y pública. Como candidato primero en 1931; y como diputado después, a partir de 1933, hasta 1936… Aunque formal y legalmente la legislatura duró más.
- Un cierto paréntesis de menos de un año, pero intensísimo y dramático, trágico incluso, de Julio de 1936 a la primavera de 1937, cuando consigue evadirse de la España republicana.
- Otros cinco años –los más notorios e históricos- junto a Franco, desde 1937 a 1942
- Y una última etapa –muy larga, de sesenta años- ya fuera de la política activa y notoria.
A mi me toca hablar de los años de la República con la historia parlamentaria de Serrano Suñer. Pero algo diremos también de su prehistoria parlamentaria, que empieza en 1931.
1931
Tras el triunfo republicano en abril y su reiteración en las elecciones constituyentes de junio (con el inevitable conde de Romanones, como único diputado monárquico confeso y confesado), cuenta Serrano en sus Memorias que “se produjo entre las huestes no republicanas un movimiento de encogimiento y dispersión” (…) “un mazazo que dejó estupefactos a los dirigentes de los partidos monárquicos, medio desechos ya por el interregno dictatorial”.
En Zaragoza capital, donde vivía y trabajaba Serrano como abogado del Estado, uno de los candidatos triunfantes fue don Niceto Alcalá-Zamora, que también había salido por Jaén: la ley electoral permitía entonces presentarse por más de un distrito.

Don Niceto renunció y hubo de cubrirse el puesto.
La anonadada derecha aragonesa busca hombres nuevos y recurre al joven abogado del Estado que anda al filo de los 30 años… Improvisan una llamada Unión de Derechas que según recuerda Serrano era: “eminentemente defensiva”; con “patente hostilidad a la Repúbica”; y de “sentido exageradamente conservador”.
Nueva derrota de la derecha al salir triunfante el candidato radical Sebastián Banzo.
Aquí conviene aclarar algo. En un libro sobre candidatos por Zaragoza se califica de “cuneros” a cuatro de ellos, que eran: Álvaro de Albornoz, 1931; Niceto Alcalá-Zamora, 1931; Ramón Serrano Suñer, 1931, 1933, 1936; Rafael Benjumea Burín, 1933, 1936. Hubo más, como el anarquista sevillano Benito Pabón y Suárez de Urbina, hermano del importante historiador don Jesús Pabón.

¿Qué es un diputado cunero?
Ahora también puede llamarse paracaidista, pero el término viene del siglo XIX. Por ejemplo: en 1855 don Juan Rico y Amat en su “Diccionario de los políticos” lo define de esta forma: <<Llamése así el diputado que busca cuna, esto es, distrito>>. (Mejor sería decir “candidato” y no “diputado”, porque todavía no lo era aunque si fuera lo que quería ser). Añade que los cuneros son desconocidos completamente en su país… Un cunero es un expósito llevado a la casa cuna del distrito por el Ministerio, en el siglo XIX, o por el partido hoy.

Según esto lo fueron en Zaragoza Albornoz, Alcalá-Zamora, Benjumea (conde de Guadalhorce) y alguno más como Pabón.

Pero no Serrano, porque ya llevaba viviendo allí años y estaba enraízado en la vida local. De hecho lo promovieron desde la propia ciudad las llamadas fuerzas vivas. O sea, que Serrano no fue un cunero. Como más tarde, ya las legislaturas de 1933 y 1936 no sería tampoco diputado culiparlante, es decir, el que no habla nunca y solo se expresa por levantarse para votar. Aunque para hablar de él (salvo en el caso de que quedara vivo algún testigo de la época, ya centenario, no podamos hacerlo como cronista parlamentario y decir lo qué fue o cómo fue, si que podemos saber lo que no fue. Y no fue ni cunero, ni culiparlante, ni tampoco del círculo de lectores, con lo que no me refiero a la prestigiosa editorial si no a los parlamentarios que tienen la mala costumbre de leer (me refiero a leer cuando tendrían que pronunciar un discurso, no a que lean libros).

La Unión de Derechas se llamó también Candidatura Agraria o Frente Antirrevolucionario.
Cuenta Serrano en sus Memorias que el 7 de Octubre de 1932 el peiódico zaragozano “El Noticiero” da cuenta del agradecimiento de José María Sánchez Ventura y José Antonio Giménez Aranu a Serrano Suñer por su lucha política

Serrano diputado en 1933
Quiero hacer unas consideraciones sobre qué pensaba Serrano Suñer del Parlamento y del parlamentarismo.
Está claro que ideológicamente estaba totalmente en contra, luego explicaré porqué; pero voy a coger dos citas de sus “Memorias”, que me parecen el mejor testimonio, puesto que no le traté personalmente. Refiriéndose a 1933, cuando llega al Congreso de los Diputados, dice lo siguiente: “Me parecía que podía ser una institución útil, si se acertaba a purgarla de sus excesos, y confieso que llegué a él con alguna ilusión.” También dice: “El Parlamento había atraído mi curiosidad desde edad temprana; siendo todavía estudiante, cuando los debates políticos del Congreso eran un verdadero espectáculo nacional. Yo los seguía con mucho interés desde la prensa y en ocasiones me acercaba a presenciarlos y a escuchar a los grandes tribunos de aquella época en que la oratoria todavía era una de los más indispensables instrumentos de la política.”

Unos comentarios, sobre esto: fíjense que Serrano expresa muy bien, lo que tiene que hacer un cronista, cuando dice que “se acercaba a presenciarlos y escucharlos”, porque no hay verdadera crónica parlamentaria, sin estar allí y escuchar. Otra observación que podemos llamar estética cuando dice que eran un verdadero espectáculo nacional (vamos como si fuera la feria de San Isidro de la política). Y otra de tipo ético y pragmático cuando asegura: “podía ser una institución útil”.

Vemos que esto se contradice con lo que he dicho antes de que él era antiparlamentario, teórico por lo menos.
Pero, como decía Ortega, cada ejemplo tiene su venganza y el ejemplo lo voy a poner con el congreso de la CEDA de 1934. Serrano interviene allí y defiende el punto 13. No voy a leer lo que dijo Serrano sino solo el título de su ponencia: “Antiparlamentarismo. Antidictadura. El pueblo se incorpora al Gobierno de un modo orgánico y jerárquico, no por la democracia degenerada”.

Y otro dato, otro ejemplo, en el Boletín de Acción Popular Agraria Aragonesa de enero de 1936, número 17, se reseña una conferencia de Serrano Suñer en Zaragoza que ha dado al final de año anterior, 1935. Según la reseña, en esa conferencia dijo esta frase: “Nosotros no creemos en la democracia política; sólo creemos en la democracia y caridad cristianas. Lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, no es lo que quieran los demás sino lo que signifiquen los principios intrínsecos. Aun cuando regimientos enteros se levanten, no conseguirán nada. Dios y la Patria no se discuten, decimos nosotros.”

O sea que tenemos un Serrano proparlamentario por afición y antiparlamentario de teoría, por lo menos.
Con esto terminamos lo que podríamos llamar “la prehistoria de Serrano, prehistoria parlamentaria”.

Vamos al Parlamento.

Y llegamos a 1933. Al final de verano, se va agrietando el llamado “bienio azañista” y Azaña sale de la presidencia del Consejo de Ministros. Tras un pequeño interregno de Lerroux, que tampoco arregla nada, don Niceto entonces recurre a don Diego Martínez Barrio. El 7 de octubre se disuelve el Parlamento y se convocan elecciones para el 19 de noviembre de 1933. Lo interesante de las elecciones del 19 de noviembre son dos cosas sobre todo: una que por primera vez hay voto femenino en España; y un hecho decisorio y decisivo que es la abstención anarquista.
Serrano cuenta en sus “Memorias”: “Se me insistió de nuevo para que presentara mi candidatura, aunque ello había de suponer para mí el perjuicio de abandonar las atenciones profesionales a que estaba dedicado y para las que mi dedicación política no había de ser ciertamente una ayuda”. Esto es verdad, puesto que en 1933 y en 1936, optó por el sueldo de diputado y dejó el de abogado del Estado.

Se forma una candidatura de coalición de las derechas que la compone Rafael Benjumea Burín, conde de Guadalhorce, por Renovación Española, monárquico; Santiago Guallar, que va por Acción Nacional, que luego sería Acción Popular y CEDA, (un canónigo que ya fue diputado en 1931, y que tenía un hermano que era político también); Serrano Suñer también por Acción Nacional, Unión de Derechas.
Serrano todavía no conocía a Gil Robles.

Gana la derecha, la Unión de Derechas que tiene 28.931 votos, salen Guallar, Serrano y Benjumea con cerca de los 30.000 votos cada uno. El otro diputado (porque en Zaragoza capital había tres más uno para las minorías) es don Basilio Paraíso, del Partido Radical. La Unión de Derechas y los Agrarios (CEDA, Partido Agrario, Renovación Española y Comunión Tradicionalista) se presenta con una bandera doble que son el orden y la religión; y con tres puntos muy claros: la revisión constitucional y legislativa, abolir la reforma agraria, y la amnistía para Sanjurjo y los golpistas del 10 de Agosto del año anterior. Como hemos dicho la mujer votaba por primera vez: el censo femenino era de 6.800.000.

Ahora hay algo que es muy interesante y es lo que podemos llamar “la disidencia de Serrano Suñer”.

En sus Memorias relata que después de la victoria de la derecha del año 1933, Gil Robles convocó a una reunión con todos los diputados en Madrid en los locales de “El Debate”, de Editorial Católica: “tanto monta”, –dice Serrano Suñer-. Estaba donde está ahora la Cope en la calle Alfonso XII. La reunión se celebra el 6 de diciembre de 1933, Serrano cuenta que todo lo que dijo Gil Robles estaba ya prefigurado en el editorial de El Debate que había salido ese día o el día anterior. Explica lo que dijo Gil Robles en esa reunión: “se hacía innecesario mantener más alianza con los otros grupos derechistas, dando por superada la Unión de Derechas, e invitó a los circunstantes a ingresar en la minoría cedista”.

Cuando Gil Robles proclama esto, Serrano comenta en las “Memorias”: “La grey incondicional contestó con una aclamación. Yo tomé la palabra para manifestar una opinión opuesta”. Serrano habla de grey con un irónico doble sentido: el rebaño, en sentido primario de ovejas; y además en el de los fieles, pues estaban en un local muy católico. Serrano sostuvo que debería mantenerse el frente invisible de las derechas. Si se cambiaba de actitud, como quería hacer Gil Robles, abandonaban a los aliados de derechas, habría que consultar a los electores. Entonces relata Serrano: “Los incondicionales del coro aclamador del Jefe me interrumpieron furiosamente con gritos de “fuera, fuera” y no querían dejarme hablar. Me resultaba difícil hacerme oír y me fue forzoso encomendarme a la presidencia (Gil Robles) rogándole que amparase el derecho a opinar pues para ello había sido convocado allí.”

(Esto fue un hecho representativo de cómo suelen ser los partidos políticos de cualquier signo en España entonces, ahora, y me temo que mañana).

Sigue Serrano: “Diré en honor a la verdad que, efectivamente, fui amparado por Gil Robles quien se dirigió a los vociferantes, pidiéndoles que respetaran mi derecho y me dejaran hablar y así, bien que mal, pude terminar la exposición de mis razones, pero todo fue en vano porque todo estaba ya guisado.”

(Se ve que estos señores que eran de un partido político muy católico, no estaban muy puestos en que San Pablo dijo aquello de que conviene que haya herejes, conviene que haya disidentes “Oportet haeresses ese”).

Serrano apunta en su “Memorias” un testimonio posterior de un diputado de la CEDA, el conde de Mayalde, que estaba allí, y se lo contó a Marino Gómez Santos, periodista del diario Pueblo en una serie titulada “Pequeña historia de grandes personajes”. En ella el conde de Mayalde dice: "La primera vez que vi a Ramón Serrano Suñer fue en la reunión de la minoría de Acción Nacional -aún se llamaba así la que dirigía Gil Robles-. Yo me acababa de incorporar al partido y no conocía a casi ninguno de los que lo formaban. Fue en aquella primera reunión donde hablaron algunos abogados de provincias, en actitud oratoria, ofreciendo votos de confianza al jefe, proponiendo la colaboración en el Gobierno. Después pidió la palabra un hombre joven, delgado y con el pelo un poco canoso. Llevaba un traje que a mí me pareció demasiado claro -yo siempre he tenido la manía de ir vestido de oscuro- y no habló como los otros de modo solemne, sino sentado y en un tono un poco desdeñoso. En contra de la opinión de los oradores anteriores, él sostenía que debíamos ser fieles a la voluntad del pueblo que nos había elegido, y que ésta era mantener la unidad de las derechas, es decir, colaborar con los tradicionalistas y monárquicos, aunque esto tuviera, acaso, como consecuencia, la disolución de las Cortes y unas nuevas elecciones”.

Y anota Marino Gómez Santos: "Me dice el conde de Mayalde que los presuntos ministros y subsecretarios que allí habían no estaban de acuerdo con Serrano Suñer”. Y sigue Mayalde: Yo pregunté a Madariaga quién era el que hablaba, Me contestó: Éste es uno de los hombres más inteligentes que hay aquí y ya verás cómo dará mucho que hablar."

(Hasta aquí la cita. hago una aclaración, este Madariaga no es Salvador de Madariaga sino Dimas Madariaga, de Salamanca y fue diputado de la CEDA por Toledo y lo mataron el verano 1936 en Piedralaves).
La minoría se forma el día siguiente con 107 diputados. Creo que llegó a tener 110 y fue el máximo que tuvo la CEDA. Se llamó “Minoría Popular Agraria”, a la que por cierto mi paisano periodista y socialista Antonio Ramos Oliveira la llamaba “Teocracia Triguera”.

(Sobre la CEDA hay diversos libros; por ejemplo, una buena tesis doctoral de 1974 en Santiago Compostela, publicada luego en 1977 por “Revista de Trabajo” con dos tomos y 1500 páginas de José Montero. También hay un libro de Javier Tusell sobre la democracia cristiana y la CEDA, de Edicusa, etc.)

La CEDA es la Confederación Española de Derechas Autónomas. En la CEDA había tres posturas políticas, que podríamos comparar con lo que en física llamamos “equilibrio estable, inestable e indiferente”. Los “estables” serían los que eran sinceramente republicanos, fueron 15 al principio, y Giménez Fernández los llamaba “republicanos cerebrales”. Los “inestables” serían los que no querían nada de la República y entre ellos estaba Serrano Suñer. Y los “indiferentes”, los que todo lo que querían era ser subsecretario o director general, y apoyar a la República sí pero no, en fin. Digo que los quince eran partidarios de la República con todos los valores. Tal era Giménez Fernández, un sevillano, catedrático de Derecho Canónico, que fue ministro de Agricultura, intentó hacer la reforma agraria y le atacaron los suyos; uno de los pocos que la defendieron fue por cierto José Antonio Primo de Rivera.

Giménez Fernández hablaba mucho de los pelotas que tenía Gil Robles a los que llamaba “quitamotas y aduladores”. Yo sostengo que donde hay poder tenemos cuatro clases de personas, son “los pelotas”, “los siseñores”, “los indiferentes” y “los contestatarios”. Los que más abundan en todas partes no son “los pelotas”, como la gente cree, sino “los siseñores”, porque para ser “pelota” hay que tener algunas cualidades, pero ser “siseñores” es una cosa pasiva, Don Manuel Giménez Fernández que es el personaje de la CEDA por el que yo siento mayor simpatía, quería una cosa que para mí hubiera evitado la guerra. Quería “nacionalizar la República y republicanizar España”. Evidentemente no tuvo éxito.

En la Historia de España dirigida por Tuñón de Lara editada en 1981, escribe Tuñón lo siguiente: “La expresión ideológica de la CEDA se realizaba aparentemente a través de JAP, [la JAP son las Juventudes de Acción Popular], de regusto fascistizante, y la propia heterogeneidad de la CEDA permitía que en ella hubiese junto a demócratas auténticos como Giménez Fernández, hombres de extrema derecha, para quienes la CEDA era posada en su camino hacia el fascismo, tales como Serrano Suñer, Finat, Valiente, F. Ladreda, Mayalde y muchos más.”
Del proyecto de reforma agraria de Giménez Fernández dice que “fue desnaturalizado por los mismos cedistas (Casanueva, Mayalde, Rodríguez Jurado, Serrano Suñer, Fernández Ladreda, que además lo maltrataron de palabra”.

Sobre esto tengo que hacer una rectificación: a Serrano Suñer no le gustó la reforma agraria porque era entonces un hombre muy de derechas, pero muy educado y nunca maltrató de palabra a don Manuel Giménez Fernández. Los periódicos de la derecha, La Época, La Nación, ABC, si que lo hicieron. El propio Wenceslao Fernández Flórez no lo trata bien, y le llamaba “el señor Jiménez”, con jota, porque hubo periódicos que hasta se burlaron de que escribiera Giménez con G. (En España sólo tiene autoridad moral para decir eso, mi paisano Juan Ramón Jiménez porque odiaba la G, pero nadie más; porque Jiménez algunos lo escriben con “G” otros con “J” e incluso con “X”).
Uno de los biógrafos de don Ramón, Ignacio Merino, cuenta que el propio Serrano le dijo que él entonces “no era una hermanita de la caridad.”

Voy a hacer ahora unas observaciones acerca de esa frase que suelta Mayalde sobre el tono desdeñoso. Creo que más que desdeñoso sería esa seguridad y casi suficiencia que suelen tener en España los miembros de los grandes cuerpos del Estado: abogados del Estado, letrados del Consejo de Estado, registradores de la Propiedad… Seguridad que también tenía esta persona de tan intachable expediente académico como Serrano Suñer; hay que recordar que, salvo error y según he leído, en España sólo hay cuatro estudiantes de Derecho entre finales del XIX y principios del XX que sacan matrícula de honor en todas las asignaturas: don Niceto Alcalá-Zamora, don Nicolás Pérez Serrano, Calvo Sotelo y Serrano Suñer. Y Serrano Suñer era de un gran cuerpo, abogado del Estado, oposición que preparó en tiempo record.

(Por cierto la foto que aparece de Serrano Suñer en la biblioteca del Congreso de los Diputados no es de Serrano Suñer, pero ya está corregida porque yo lo he indicado. La culpa no la tiene el Congreso de los Diputados, sin un anuario de los abogados del Estado que tiene mal el pie de una foto, donde está Serrano Suñer y unos abogados del Estado de Zaragoza, Vicente Gella y Lorente Sanz. El de pie de foto altera el orden y de ahí viene el error.)
Abogados del Estado había más en el Congreso; por ejemplo Don José Prat, masón y diputado por Albacete, que se llevó bien con Serrano Suñer. Fue presidente de PSOE ya en época reciente. O Jerónimo Bugeda, diputado por Jaén que intervino para salvar a Serrano Suñer en 1936.

Más sobre el desdén. Hay un libro al que Serrano trata con desprecio. Pero es un libro muy curioso: el de primo de Franco, el general Franco Salgado. Este libro salió cuando estaba terminando sus “Memorias” Serrano Suñer. En la obra de Franco Salgado, Serrano está citado 18 veces, casi nunca para bien, y aparece en siete fotos. Serrano no lo cita en sus Memorias por su título ni una sola vez, y lo alude en dos ocasiones, según recuerdo. Habla de “un librote”, y en otra ocasión de “pariente”. Yo no comparto la opinión de Serrano. El libro no es un prodigio de intelectualidad pero resulta muy curioso y se entera uno de sabrosos pormenores, algunos muy significativos. Porque el autor era muy elemental, y precisamente por su simpleza cuenta las cosas de muy de primera mano. Serrano sale mal casi siempre, y le echan la culpa de muchas cosas. Hasta cuando se habla de la detención de Ruiz Gallardón padre, el año 1956, señala que Ruiz Gallardón era de los más exaltados, y pone como agravante, ser “pasante de Serrano Suñer”.

Como estamos con los pequeños chismes, contemos que Serrano Suñer en Biarriz, se encuentra en una terraza al capellán del Pardo, padre Bulart y al primo de Franco, el general Franco Salgado, y se saludan y se marchan. Después, dice Franco Salgado que el padre Bulart le cuenta que doña Carmen Polo no puede ver a Serrano Suñer y que le tiene un odio inmenso. (Ese odio, entre otras cosas, le costó el cargo a Serrano Suñer 1942).
Más sobre esto de la grey y de la disidencia. Uno de los biógrafos de Serrano Suñer, Ignacio Merino en “Serrano Suñer-Conciencia y poder” editado por Algaba en 2004, dice lo siguiente: “Gran polemista, lúcido e independiente, sentía una atracción fatal por la disidencia. En ella se instalaba con todas sus consecuencias, movido por una terquedad intelectual que nacía del arraigo de sus convicciones y de una honestidad heredada y aprendida en familia.”

Habla de la CEDA en este libro y cuenta el biógrafo: “En esta heteróclita formación transigiría de mala gana, expresando a menudo su disconformidad con el líder y llegando incluso al enfrentamiento con su propio partido cuando en el proceso electoral la derecha quiso que se anulara la elección del diputado socialista por Almería, Pradal. Serrano, como miembro del comité encargado de estudiar las impugnaciones, defendió con su voto particular lo que consideraba legítimo, afrontando las recriminaciones de sus compañeros, y votó con los socialistas.”

Esto es totalmente verdad, excepto que fuera un “comité”. Fue la Comisión de Actas a la que pertenecía Serrano. En esa comisión, Serrano votó con Teodomiro Menéndez (al que salvó la vida luego), y con Trifón Gómez y José Prat, tres ilustres socialistas.

Esto vuelve a repetirse en otra biografía de Heleno Saña, donde dice Serrano: “Tuve pronto ocasión de mostrar mi sentido de la independencia. En las elecciones de noviembre de 1933, formaba yo parte de la Comisión encargada de estudiar las impugnaciones de las actas parlamentarias. Los de derecha quisieron que se anulara la elección del diputado socialista por Almería, Pradal, y yo, afrontando las recriminaciones de mis propios compañeros de partido, defendí con un voto particular su candidatura, que consideraba legítima, votando en esta ocasión con los socialistas.”

Esto es verdad. Digamos que Gabriel Pradal era un arquitecto de Almería y fue diputado socialista en 1931 y volvió a serlo en 1936, pero no salió en 1933. No triunfó la impugnación de Serrano y los socialistas. Este hombre se salvó en la guerra, se exilió y murió en México ya en los años sesenta... Serrano repitió alguna vez que él, o sea el propio Serrano “no era precisamente un miembro incondicional”. Esto también es verdad.

Pero ahora voy con una opinión muy contraria a ésta. La venganza del ejemplo como decía Ortega. La da Gil Robles en su libro de memorias “No fue posible la paz” publicado por Ariel en 1978 en página 470, donde trata de actos electorales en Zaragoza del 13 de febrero del 1936. Escribe Gil Robles: “en el Frontón Aragonés, hizo mi presentación el señor Serrano Suñer a quien asignaba por cierto, José Antonio Primo de Rivera, el Ministerio de Justicia en un gobierno hipotético nacional sindicalista. Los desmedidos elogios que me tributó fueron como para causarme sonrojo. Ensalzó, sobre todo, la participación decisiva que tuve en la solución favorable del problema de la remolacha, que de manera tan crítica afectaba a la zona aragonesa.”

Aquí hay tres puntos sobre los que quiero hacer alguna consideración.

Primera, la de un gobierno hipotético nacional sindicalista… No. José Antonio hizo casi dos gobiernos hipotéticos. Efectivamente en uno figura Serrano Suñer como el ministro de Justicia. En otro figura Jiménez de Asúa. También figuran Marañón, Ortega y Gasset, Martínez Barrio y Mola... Por dar un testimonio no pro-Serrano Suñer precisamente, sino adverso o enemigo si quieren, doy el de Julio Rodríguez Puértolas, un historiador marxista. En su muy interesante libro “Literatura fascista española”, tomo I, publicado por Akal en 1986, en página 142, habla de este gobierno y dice: “gobierno de reconciliación nacional imaginado en la cárcel de Alicante”. O sea que José Antonio no proyectó un gobierno nacional sindicalista.

Segundo comentario a lo de “los elogios que me tributó fueron como para causarme sonrojo”. Yo conocí muy poco a Gil Robles, le saludé alguna vez en la Editorial Taurus. No creo que le causaran sonrojo. Con la experiencia que tengo a ningún político le causan sonrojo los elogios... En fin allá cada cual.

Lo de la remolacha es verdad, la remolacha era entonces muy importante para Aragón y para todo el Valle del Ebro. Serrano Suñer interviene en un par de plenos hablando de la remolacha. El pleno está registrado en los Diarios de Sesiones. Lo de la remolacha era muy importante para los electores de Serrano Suñer.
Al margen de esto, entre Serrano Suñer y Gil Robles hay una hostilidad que llega a ser más que latente, sobre todo después. Serrano en sus “Memorias” habla de las de Gil Robles y dice que: “en ocasiones erosiona la verdad”. O sea, está llamando embustero. Gil Robles en “No fue posible la paz” trata sobre José Antonio, Serrano y su amistad y dice: “el señor Serrano Suñer trató de hacer olvidar su anterior filiación política”, y le está llamando mentiroso.
En el libro de Heleno Saña dice Serrano: “Como es sabido, mi actitud ante la República era la de una oposición frontal. Es muy posible que esa postura mía fuera equivocada, y pienso ahora que sin duda lo fue.”
Este reconocimiento está bien y me alegra mucho.

Sigue Serrano; “no habiendo observado una lealtad sincera que pudo haberla moderado y racionalizado. Sí, mi postura de lucha frontal fue equivocada, pero me parece todavía mayor equivocación la actitud de Gil Robles, basada en la ambigüedad y la indecisión, con las que contribuyó al fracaso de la Segunda República porque los gobiernos de ésta no dieron crédito a sus protestas verbales de adhesión ni a las de sus amigos. Él decía que acataba la República, pero a la vez enviaba a París a diputados de su partido como José María Valiente para entrevistarse con Alfonso XIII. Además, fue un error tolerar aquellas aclamaciones y manifestaciones con actitudes fascistas como «¡Jefe, jefe, jefe!» y «Los jefes no se equivocan». Así se malogró políticamente un hombre como él, que tenía grandes aptitudes de parlamentario. Porque Gil Robles era un hombre muy dotado para la polémica en el Parlamento. Era, después de Prieto -sin duda con gran distancia la primera figura del Congreso- el segundo en capacidad de agitación. Dentro de la CEDA, no puedo decir que yo capitaneaba un grupo porque sólo eran tres o cuatro los que estaban de acuerdo conmigo. En las sesiones de la minoría yo exponía lo que pensaba, acaso equivocadamente, y en ocasiones Gil Robles se quedaba sin razones. Recuerdo que en una de las primeras discrepancias me dijo: «Mira, Serrano, yo sé lo que hago. Hay cosas que no se pueden decir. Yo tengo una táctica, y mi táctica conducirá a lo que me propongo». Entonces yo le respondí: «Mira, tú tendrás razón hasta que dejes de tenerla».” Anota Serrano: “Gil Robles vivió del camelo de la táctica. ¡Y de qué manera deja de tenerla! Porque esa táctica es a mi juicio uno de los factores causantes de la guerra civil.”

Esto es tremendo dicho por un señor tan de derechas como Serrano Suñer sobre las causas de la guerra civil. Sobre su postura tan contraria a la República, dice también; “entonces yo creo que lo que debemos hacer es luchar frontalmente contra la República. Había otro camino, que no era el mío, que era el de la adhesión sincera, el «ralliement» de verdad a la República, con lo cual tal vez se hubiera conseguido nacionalizar la República -desde el punto de vista nuestro- y haber hecho una República con otro tono.”

Esto como dije antes, es exactamente lo que dijo don Manuel Giménez Fernández, cuando quiere “nacionalizar la República, republicanizar España”.

Intervenciones Parlamentarias
En el índice del Diario de Sesiones de las Cortes del 1933 al 1935, están las intervenciones de Serrano. Fueron las Cortes aparentemente pacíficas en comparación con las de 1936, pero en realidad nada pacíficas.

Voy a contar pequeñas notas lo que pasó en aquellos dos años.

Se convocan el 4 de octubre de 1933, se abren el 8 de diciembre, el 9 de octubre de 1934 se suspenden por el movimiento revolucionario de Asturias, se abren el 5 de noviembre, se vuelven a suspender un mes del 4 de abril de 1935 hasta el 6 de mayo, se vuelven a suspender el 10 de diciembre de 1935, el 17 de diciembre se suspenden por 15 días, y el 1 de enero de 1936 se prologa la suspensión, finalmente el 7 de enero se disuelven y se hace una convocatoria.

En ese índice, el diputado Serrano Suñer tiene más de una página. Leemos: “Diputado electo por Zaragoza capital; credencial número 118, solicita excedencia en su cargo de abogado del Estado… en cargos parlamentarios que ha desempeñado: Vocal de la Diputación permanente (suplente). Las comisiones para la que fue elegido: comisiones de actas; de pensiones, donde pronto se fue; de paro obrero; fue suplente de Instrucción pública; fue vicesecretario de Presupuestos; estuvo en la de Reforma constitucional.

Lo que más interesa son los asuntos en que intervino. Intervino un día en las actas de Murcia y otro en las de Valencia. Intervino dos días en dos plenos de Obras Públicas para resolver el paro. Sobre la situación social de Zaragoza intervino un pleno. En las Tarifas ferroviarias intervino en un pleno. En los Presupuestos intervino dos veces. En los Arrendamientos rústicos intervino una vez. En la Ley municipal intervino nueve veces. Sobre los Jurados mixtos un día. Sobre asuntos del Patrimonio forestal otro día. Sobre azúcar y sacarina que interesaba mucho a todos en el Valle del Ebro intervino cuatro veces. Sobre Derechos Reales uno. Presentó por escrito cinco ruegos: uno sobre la Situación monárquica de Zaragoza. En otro pidiendo amnistía para Vegas Latapié, persona muy importante de la ultra derecha monárquica. Intervino en una petición a Hacienda sobre los amillaramientos. En varias de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Hizo una proposición de la ley sobre jurados. Votos particulares sobre las actas de Almería por el candidato Pradal, y la defendió con los socialistas contra su propio grupo. Sobre la de Murcia, la de Valencia. Tuvo votos particulares en los presupuestos del trabajo, sobre el arrendamiento rústico. Presentó muchas enmiendas sobre el paro obrero, la tarifa ferroviaria, el Tribunal de Cuentas, dos sobre los presupuestos de Instrucción pública, cuatro sobre arrendamientos rústicos, nueve sobre la ley Municipal.
(Aunque no tiene nada que ver con Serrano digamos que aquí se produjo una gran victoria de don Indalecio Prieto contra don José Calvo Sotelo. Hubo un debate, José Calvo Sotelo llegó con su suficiente preparación y además había hecho la ley Municipal de la Dictadura. Prieto que no tenía el doctorado de Derecho ni nada pero era una persona muy inteligente, extraordinario y gran periodista, se preparó muy bien y le dio un baño a Calvo Sotelo en la discusión. Está muy bien que a veces se corrija a una persona suficiente por parte de la persona oficialmente no tan buena.)

Serrano Suñer presentó nueve enmiendas, para los presupuestos dos, para el patrimonio forestal una, para las cuestiones de la remolacha que tanto afectaba a su distrito tres, dos para las cuestiones de Derechos Reales. Interviene en 26 plenos, tiene 5 ruegos, una proposición de ley, cinco votos particulares, entre 26 y 31 enmiendas, 114 páginas de los Diarios de Sesiones, más las que tuviera en las comisiones, que esas no están en el Diario de Sesiones de los plenos y no he podido verla.

Serrano Suñer fue un diputado muy laborioso y trabajador. He sacado las cuentas porque aquella legislatura duró menos de dos años con las interrupciones y suspensiones que hubo. Además una cosa a favor de Serrano es que era miembro de la minoría mayoritaria y cuando se está en la minoría mayoritaria no se tienen tantas oportunidades de hablar como si se perteneciera a una pequeña. Pongo un caso que yo conozco muy bien. En la legislatura constituyente de 1977 a 1979, uno de los diputados que más intervino fue Fraga. Fraga capitaneaba Alianza Popular que tenía sólo 14 o 15 diputados. O luego como mi amigo el canario José Carlos Mauricio, uno de los mejores parlamentarios que ha habido en esta democracia.

En sus “Episodios Nacionales” dice Galdós que los andaluces eran los ruiseñores del Parlamento. En la época de Galdós, los andaluces en las Cortes de Cádiz fueron ruiseñores y también los asturianos como Argüelles y el Conde de Toreno. Por cierto, Álvarez Cascos en su primera legislatura parlamentaria cuando fue senador, como es hombre muy trabajador, hizo un libro sobre los parlamentarios asturianos en las Cortes de Cádiz. En esta democracia de ahora, a parte de otros, han sido buenos parlamentarios los canarios, José Carlos Mauricio que era extraordinario, más recientemente Juan Fernando López Aguilar, ministro de Justicia por el PSOE y varios más.
Serrano Suñer fue laborioso y trabajador. Don José Prat, masón por cierto más que socialista, le dedica muchos piropos. En uno los piropos que le dedica en la legislatura del 1933, le llama “el estudioso”, lo cual es la verdad. Tampoco fue del “círculo de lectores” -esta expresión es mía- que son los diputados y parlamentarios que tienen la infame costumbre de ponerse a leer. Creo que Serrano no leía. Estoy casi seguro en las Cortes de Cádiz en las actas, tenían la buena costumbre de poner entre paréntesis “leyó”. Esto no se ha hecho ahora, creo, porque casi todo el mundo lee.

Serrano no fue del “círculo de lectores” aunque pueda parecerlo por su discurso. Eso también le pasaba a Azaña, el orador que más me gusta de la República. Eso ha pasado después con Silva Muñoz, con Landelino Lavilla, con Herrero de Miñón… Son buenos opositores, no me refiero ahora a opositores políticos sino opositores a cargos de la Administración Pública. Aprenden y sueltan de corrido el discurso. Serrano no fue del “círculo de lectores”, sí que fue –puedo decir leyendo sus intervenciones- un gran diputado técnico y gran jurista, claramente por sus matrículas y su abogacía del estado.

Voy a citar un caso del Diario de Sesiones número 263 del 19 de noviembre de 1935, donde dice lo siguiente: “Por la orientación de la ley de Reforma Agraria, no tengo yo ninguna simpatía, pero, moviéndonos dentro de esa ley, creo que hemos de ser consecuentes con las tesis que en ella se establezcan al aprobar ésta de reforma de impuestos de Derechos Reales.”

Ya he dicho que estaba contra de la ley de reforma agraria de Giménez Fernández, pero aquí se somete a ella porque para él la ley estaba por encima de todo; si se hacía algo, que tenía que ver con eso, se tenía que sujetar a la ley. Por este motivo, fue muy enmendante.

No fue diputado siseñor. Ya lo he dicho más de una vez, y voy a citar otra cosa. el 16 de marzo de 1934, Diario de Sesiones número 52, donde da lecciones de comportamiento parlamentario. Dice lo siguiente: “Todo los Señores Diputados que tienen experiencia parlamentaria como, por ejemplo, el señor Rodríguez de Viguri y otros muchos aquí presentes, saben que en la función legislativa, cuando no se trata de cosas de principios, constantemente, hasta último momento se están produciendo enmiendas que no tienen otro objeto que el mejorar, hacer más riguroso o más perfecto el sistema de la ley. Por eso en materia de desenvolvimiento en un proyecto legal, siempre que no haya una discrepancia en principios fundamentales, es cosa normal y corriente que, incluso integrada la Comisión por miembros de una determinada minoría, Diputados de la misma significación procuren mejorarlo; y como quiera que las enmiendas responden al propósito de hacer las cosas lo mejor que los parlamentarios y los Parlamentos sepan, a nadie se le oculta que hasta el último momento de la discusión de un dictamen un Señor Diputado puede tener que hacer una observación que mejore el articulado del dictamen, presentando al efecto una enmienda para ver si se toma en consideración por la Cámara.” Esto es impecable desde el punto de vista parlamentario de cualquier ideología. Lo que pasó es que eso no se lo perdonaron: esa enmienda que presentó Serrano Suñer se la cargaron.

La última intervención en estas cortes de 1933 a 1935, es del 19 de noviembre de 1935, Diario de Sesiones número 263. Es de Derechos Reales. Serrano interrumpe, -entonces en el Parlamento se podía interrumpir: el diputado pide la palabra, el presidente la cede a la señoría-, Serrano toma la palabra y dice: “Me voy a permitir una ligerísima manifestación…”, ¡que son más de dos páginas!

La última etapa legislativa es la de 1936, con elecciones el 26 de febrero y repesca el 4 de marzo. En Zaragoza capital gana el Frente Popular con 44.859 votos.

De Izquierda Republicana sale Mariano Joven, -él se pudo salvar y murió en México-, por el PSOE, Castillo, por el Partido Sindicalista Benito Pabón que era anarquista. El Partido Radical obtiene más de 3.000 votos. Las derechas, donde está Serrano Suñer, saca 39,244 votos. Falange, 678.

En la apertura de Cortes, el 16 de marzo de 1936, Serrano tiene la credencial 73; vuelve a renunciar como abogado del Estado y elige el sueldo de diputado; está en cuatro comisiones: Actas, Estatutos, Gobernación y Presupuestos; interviene en los asuntos de actas de Valencia y Cuenca.

Aquí tiene una actuación muy importante, que fue por el acta fallida de José Antonio Primo de Rivera, en la repesca de Cuenca. Interviene mucho en los asuntos de la Confederación Hidrográfica del Ebro, materia muy de su distrito. También en el Estatuto Vascos en comisión. Presenta votos particulares sobre las actas de Oviedo, Valencia, Cáceres y Cuenca.

Esta legislatura es tormentosa y terrible. Se abre el 16 de marzo de 1936 y en julio se corta. Las actas que yo pude ver en los Diarios de Sesiones sólo llegan hasta el 10 de julio de 1936. La siguiente sesión de las Cortes se hace todavía en Madrid pero en octubre, y naturalmente no están presentes todos. Las cuatro siguientes de 1936 a 1937 en Valencia; en 1938 hay una en Monserrat y otra en Sant Cugat del Vallès, otra en Sabadell; la última en febrero de 1939 en Castillo de Figueras.

Hay una notable intervención de Serrano en defensa del acta de José Antonio Primo de Rivera. Sólo quiero hacer pequeña mención para que sirva de lección moral. En la sesión del 12 de junio de 1936, donde se discute sobre la repesca de Cuenca, Serrano Suñer defiende a José Antonio y se enfrenta a él un joven socialista, Luis Rufilanchas que tenía 27 años y era ayudante del catedrático de Derecho Penal Luis Jiménez de Asúa, que también había sido profesor de Serrano… Serrano en su discurso dice: “yo, con D. Teodomiro Menéndez, con D. Trifón Gómez y con el señor Prat, voté en contra de una propuesta anulatoria que no me parecía justificada. Cuando en Almería se quiso arrebatar el acta al Sr. Pradal que, a mi juicio, la había ganado en buena lid frente a un candidato radical, partido que estaba entonces en una coalición gubernamental con nosotros (…) firmé un voto particular para que se le proclamara.”. Pradal fue candidato por Almería en 1933 y no salió porque la derecha le impugnó y le defendieron Teodomiro Menéndez, Trifón Gómez y don José Prat. Serrano Suñer se sumó a ellos, no sólo en la Comisión, si no que presentó voto particular y lo defendió; lo cual no le hizo tener mucha simpatía su grupo. No salió.

En este debate de 1936 aparecen nombres como Luis Rufilanchas, joven diputado de PSOE; Serrano Suñer, también joven diputado porque todavía no había cumplido 34 años de la CEDA. Aparecen José Antonio Primo de Rivera, y Teodomiro Menéndez.

Entonces quiero hacer la siguiente consideración. Esto ocurre el 12 de junio. Un mes y pico después, el señor Serrano Suñer sufre dos simulacros de fusilamiento en el parque del Oeste, asiste a la matanza terrible de la Cárcel Modelo. Lo libra primero don Honorato Castro, un diputado de la izquierda, una figura importante en las reuniones republicanas de San Sebastián, consigue librarlo de los incontrolados y que lo lleven a la cárcel. Otro diputado del PSOE logra sacarlo de la Cárcel Modelo y llevarlo a una clínica, llamada Clínica España, en la calle Covarubias.

Lo saca un colega suyo que era abogado del Estado, don Gerónimo Bugeda nacido en Tarancón, hombre joven también de treinta y pocos años, diputado por Jaén; masón por cierto.

En fin a Serrano Suñer están a punto de matarlo, luego vive una odisea. Por último en la primavera de 1937, consigue salir de España en el Torpedero argentino Tucumán.

A José Antonio Primo de Rivera lo matan el 20 de noviembre de ese año. A Rufilanchas le sorprende la rebelión militar en Galicia y está escondiéndose durante seis meses. Lo cogen y lo matan en la primavera del año 1937. Don Teodomiro Menéndez que ya había estado condenado a muerte cuando la Revolución de Octubre, lo detiene la Gestapo en Francia y lo manda a España junto con presidente Lluís Companys, el extraordinario periodista y ministro Julián Zugazagoitia (cuyo libro sobre la guerra civil me parece que es el mejor que ha escrito nunca). Cipriano Rivas Cherif, cuñado de Azaña, y un periodista llamado Antonio Cruz Salido, que escribía en El Socialista… A todos los manda la Gestapo a España. Serrano Suñer logra salvar a Teodomiro Menéndez e indirectamente salva también a Cipriano Rivas Cherif, porque el general Varela, enemigo de Serrano Suñer, los querría fusilar a todos, etc.

Reflexión final que hago sobre esto. Cuando uno lee la historia, cuando se pone a hacer consideraciones sobre la historia de España, vemos que es terrible. Tienen razón esos cronistas de hace siglos que hablaban de nuestra “damnosa hereditas”. Estos cronistas hablan del pasado. Pero viene a resultar más que cronistas del pasado profetas del futuro. Tiene razón Jaime Gil de Biedma, tan extraordinario poeta, cuando dice: “España es el país de todos los demonios“


 

 

 

 

 

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